domingo, 16 de septiembre de 2012

El título a quien le corresponde



Por Daniel Arcucci - La Nación
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Sólo no había completado uno de sus vaticinios: una definición por la vía rápida. En los demás, Sergio Maravilla Martínez cumplía con todo. Con sus anuncios de un dominio incontestable sobre Julio César Chávez Jr., con sus antecedentes deslumbrantes.

Pero la guapeza del mexicano, cuando todo parecía resuelto, volvió dramática la historia en ese último round tremendo. Cayó Maravilla, pero se levantó.

La pelea consumió sus últimos segundos en un nivel de dramatismo asfixiante. Y aguantó el argentino hasta un final que lo consagró por puntos en fallo unánime y le otorgó el título mediano del CMB -una tarjeta dio 117-110, y las dos restantes, 118-109-, en un colmado y admirado Thomas & Mack Center.

Maravilla buscó asumir la iniciativa ante un Chávez de actitud tensa. La clara diferencia de envergadura física en favor del mexicano no afectaba la postura suficiente del argentino, propenso a bajar la guardia con ese estilo provocador pero también estratégico, porque invitaba al rival a atacar y abrir huecos en su defensa.

Un par de primeros rounds bastante parejos precedieron al primer capítulo en el que el quilmeño mostró buena parte de su mejor repertorio. En el tercero, por momentos, Martínez desplegó un excelente menú de combinaciones variadas, golpes abiertos por afuera y ganchos internos que hicieron blanco en la cara y el cuerpo de Chávez.

La incipiente supremacía del argentino se consolidó en el asalto siguiente, ya con Maravilla suelto y profundizando la búsqueda de los planos altos de Chávez. El mexicano, que mostraba un par de cortes en el rostro, entendió que debía proponer algo más y entró en un boxeo más corto, que le permitió conectar un par de buenos golpes, pero el round terminó con una fenomenal izquierda de Maravilla.

El paso de los rounds y la sensación de que las tarjetas no lo favorecían empujaron al mexicano a un avance tan sostenido como desorganizado, que empezó a ofrecerle blancos más visibles a Maravilla. El argentino pegaba en cantidad y calidad muy superiores y la cara de Chávez lo reflejaba. El combate parecía una exhibición de Maravilla, que por momentos pegaba a voluntad. La nariz de Chávez también sangraba; a pura vergüenza el mexicano encontraba fuerzas para alguna reacción, esporádica pero peligrosa. Un pequeño corte en la ceja izquierda del argentino también daba muestra de esa pegada.

El dominio del argentino era claro sobre un rival aguantador, pero casi extenuado. Era un final a pura vibración. Maravilla, veloz, superior, por momentos lujoso. Y de pronto, Chávez sacó la casta mexicana con una combinación terrible que derribó a Martínez. Cuando nadie lo esperaba, irrumpió la incertidumbre. El argentino aguantó con lo que le quedaba. Llegó al final, puro amor propio. "Para mí esto significa volver a creer en el boxeo", dijo, ya consagrado. La barra argentina dejaba escuchar su desahogo, su saludo a un campeón que puso todo lo que tenía.



Por Horacio Pagani - Clarín
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Lo había escrito Sergio Martínez (50-2-2; 28 KO): “Estoy a un paso de traspasar la historia con los puños”. Y tenía razón. Porque esta madrugada, pulverizó los condados que protegían los más dulces recuerdos.

Y se metió de lleno en la historia.

El hombre Maravilla hizo de Julio César Chávez júnior (46-1-1 y S.D; 32 KO) una pobre caricatura, que de grande sólo tuvo el nombre. Lo derrotó por fallo unánime. Las tarjetas: Christodoulou: 117-110, Byrd:118-109 y Moretti 118-109. Para Clarín fue 118-108. Así, a los 37 años, Martínez recuperó el trono. Y el título, ese que, por fin, descansa otra vez en su cintura. La gloria parece estar enamorada de su boxeo de puño y letra.

No cualquiera conquista ocho coronas (en 3 categorías) a lo largo de una carrera profesional.
“Este triunfo es para todos los argentinos, muchas gracias. Mi victoria va dedicada también a toda la gente mexicana por su fiesta de Independencia”, dijo Martínez, después de haber hecho justicia por mano propia.

Lo cierto es que en el Thomas y Mack Center, Martínez se dio el lujo de reconquistar el título mediano del Consejo Mundial (CMB), esa vieja obsesión. Vieja porque hace más de un año que esperaba recuperar la corona, cuando fue obligado a renunciar al título .

Aquí, en la ciudad del juego y de los placeres, Martínez cumplió con los pronósticos y con todas las expectativas que había generado. A punto tal que más de cinco mil argentinos le estuvieron “haciendo el aguante” en las tribunas de un estadio en donde hubo casi 20 mil personas. Nunca antes se había visto tanto movimiento para seguir una batalla de un compatriota. Ni con Monzón, ni con Martillo Roldán. Histórico. Además, la actuación de Maravilla “pagó el pasaje”.

Martínez ganó porque posee un arsenal de recursos que Chávez ni por asomo tiene . Hasta se podría decir que el boxeo de Maravilla es como la belleza de un haiku- poesía japonesa- porque todo es breve, contundente y estético.

Se quedó con todos los asaltos, salvo el último, que al final le dio un toque dramático a una pelea histórica.

Desde el vamos ya quedó marcada la diferencia de características de ambos púgiles. Porque Chávez es once años más joven, y 6 centímetros más alto que Martínez. A pesar de esa supremacía física, el azteca se mostró cauto en el primer round. Maravilla, sabiendo de estas desventajas, hizo valer su mayor alcance de brazos (6 centímetros más largos que los de Chávez), dominó las distancias, y así peleó toda la noche a su gusto.

La primera parte de la pelea fue una exhibición del quilmeño. Dominó cerebralmente, inquietó con su guardia de brazos caídos, y lastimó con sus ascendentes zurdas.

Poco a poco, Martínez iba creciendo y Chávez, estático, intentaba acortarle el ring: en el cuarto, logró llegar con una derecha a fondo, pero fue sólo un espejismo. Porque Martínez se recompuso y con su 1-2 ganó el round y empezó a machacar el rostro del mexicano.

Martínez mostraba la versatilidad de un estilista, todo el tiempo con la guardia baja, con una amplio abanico de golpes y de ángulos de disparo . Chávez tiraba frenado los envíos, aunque sin convicción a veces, porque temía la réplica del argentino. En la segunda parte, Martínez, con un estado atlético extraordinario, pisó el acelerador: brilló en el sexto y el séptimo round le hizo sangrar la nariz a su rival. Se tomó un respiro en el 8° y en el 9°. De todos modos, no había riesgos para Maravilla, salvo un pequeño corte que sufrió en el párpado izquierdo.

Su velocidad de brazos y de piernas eran demasiado para el hijo de la leyenda. Sobre el final, Chávez se la fue a jugar, guapeó, y recibió una paliza . Así y todo, Martínez no terminó a lo grande. Porque Chávez lo tiró con un cross de mano izquierda y Maravilla recibió la cuenta en el último asalto, quedó groggy. Y hubo emoción.

Se paralizó el corazón de los argentinos . Igual, el oficio del quilmeño le permitió terminar de pie y manejar la situación. Fue un gran susto. No más que eso.

Maravilla ya tiene entre ceja y ceja a Floyd Mayweather Jr . el mejor peso por peso del planeta. ¿Habrá que esperar hasta noviembre del 2013?


Por John Jones - Olé
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Sergio Martínez terminó sangrando y hasta cayó en el último round, pero GP12 a Julio César Chávez Jr y recuperó el cinturón mediano del Consejo Mundial de Boxeo. Los jueces lo vieron ganador por 117-110, 118-109, 118-109.

Verde esperanza y dorado satisfacción. El cinturón al tope de esa torre que conforman esos exhaustos brazos y esa sonrisa manchada por la sangre de un sufrido ojo izquierdo. "And new champion of the world...", dio paso Michael Buffer y ahí Sergio Martínez (50-2-2, 28ko) recuperó, ante los ojos del mundo boxístico y los del propio Bob Arum, ese cetro mediano del Consejo Mundial de Boxeo que jamás debió habérsele expropiado de su cintura. Enfrente, Julio César Chávez Jr (46-1-1, 32ko) ya posaba, atónito y con el rostro completamente hinchado, con los guantes mirando al suelo y sus pupilas caídas. Ellas denotan lo que se veía venir: una derrota con claridad.

Caminata hacia delante con ambos pies juntos, escaso -casi nulo- uso del jab, retroceso con un pequeño saltito al momento de cada contragolpe. Todas, condiciones que no puede tener un campeón del mundo en su repertorio. Todas, también, características que Júnior denotó en un Thomas and Mack Center que lo vio completamente inferior a un Maravilla motivado, caminante, repiqueteador, potente, vigoroso y guapo. Es que en Las Vegas, la ciudad del pecado, el único error que cometió el argentino fue haber sido encontrado por esa zurda durísima en el doceavo round. Antes, había dado lo que vaticinó: una clase de baile.

Martínez aplicó su plan a la perfección. Desde el primer asalto, fue erosionando el rostro y el cuerpo de su rival. Arriba y abajo. Con izquierda y con derecha. Por momentos, hasta plantándose face to face. Esa zurda recta, ese jab penetrante. Esas piernas hacia un lado y hacia el otro. El mexicano jamás tuvo con qué encontrarlo, con qué festejar el día de la independencia de su país, con qué separarse del nombre de su padre, una leyenda viviente de los puños. Así, fue que se vio rápidamente con la nariz sangrando y sorprendido por el desempeño de un pugilista al que pareció comenzar a conocer en el preciso instante en el que se subió al ring.

Ese final con el párpado del quilmeño sangrando, ese mano a mano bonachón que le costó esa tembladera de piernas y una posterior caída. Un final de esos que hace tiempo no paralizaban los corazones de los argentinos. Martínez revivió los sábados a la medianoche. El ya lo dijo, es un grano en el culo de las grandes promotoras que decepcionan día a día. Esta vez, no hubo dudas: Stanley Christodoulou anotó en su tarjeta 117-110, Adalaide Byrd 118-109 y Dave Moretti 118-109. Todos, claro, a favor de la octava Maravilla.

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